domingo, 8 de enero de 2012

Necesito un minuto a solas con el viento.
Sólo para pensar...

La vi alejarse con su silueta al viento.
Cada lágrima hirió profundo en mí.
Creí que no lo sentiría, que mi corazón
estaría anestesiado por el sentimiento
que se fue. Pero vi dolor, desilusión.

Sentí que la rosa mutaba y sacaba
sus espinas lacerando mi mano.
Y al final, dejé caer aquella rosa.
Aquella rosa que llevé junto a
mi pecho, y en aquel momento dejé.

Lloro por aquella rosa, que no nació
para tener espinas.

Y aquel viento se llevó mis últimas
lágrimas por ella. Terminó la ventolera
y vino el aguacero frío a lavar la roja
tinta de sus besos en mi corazón.

Y así la vi irse con su silueta al viento...



Ésto quizás no es lo que clásicamente se pueda llamar un poema. Pero soy un convencido de que poesía no es más que el reflejo de cada quién. Ella fue lo mejor que me pudo haber pasado en esta vida, pero en algún momento, el sentimiento más hermoso de todos, te abandona; y sólo deja lugar al llanto durante tanto tiempo reprimido. Sólo me queda recordarla como la mujer que me hizo feliz y seguir caminando con la frente en alto como siempre lo hice.
Nadie sabe qué es lo que vendrá para nosotros... hasta siempre...

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