Esta noche miré al cielo
y con sorpresa profunda
constaté que las estrellas
se apagaban de una en una.
Recordé que una ancianita
en tiempos idos, lejanos,
me contó que cada estrella
representaba un ser humano.
Dios puso al hombre en la Tierra
y a los peces en el mar.
Y llenó el aire de trinos
como un saludo triunfal.
¡Y quieren ponerle fin
a esta obra colosal!
¿No piensan en los pequeños
que a nadie hicieron mal?
El hombre obstinado y ciego
día por día se empeña
en fabricar artefactos
con que apagar las estrellas.
El aire, el agua, y la tierra
enfermos, mataron a aquellos
seres que escasamente escaparon.
Y la pobre Madre Tierra
erosionada y vencida
Será pobre galardón
de quien gane la partida.
Y de nuevo Jesucristo
con el corazón sangrante
contemplará dolorido
los despojos humeantes.
Norma Labra de Campos
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