viernes, 13 de febrero de 2009

Resolución

La Luna corrió el visillo,
de tenue e impalpable niebla
y asomó su pálida carita
para observar la Tierra.

Y contempló el desastre, y vio egoismo
seres sin vida, desolados niños,
y lloró como lloran los humanos
calladamente, con la cara entre las manos.

Sollozando pidió al Cielo
que hiciera añicos su esfera
y que la luz que encerraba
la esparciera por la Tierra.

Ella siempre baño al mundo
con su suave luz de amor
¿Por qué el Señor no querría
concederle este favor?

Tal vez con sus corazones
inundados de luz pura
acordarían la paz,
la bondad y la dulzura.

Norma Labra de Campos

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